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La historia de China es fascinante,
ya que cuenta con una gran riqueza, tradición
y antigüedad. Vienen determinada por las diferentes
dinastías y emperadores que la gobernaron y que
todavía hoy reinan el país.
Su historia tiene cerca de 100.000
años, aunque bien podría ser legendaria.
Tiene sus orígenes en la cuenca del Río
Amarillo, donde nacieron las primeras dinastías,
la Xia y la Shang. Aunque todavía
está por verificar desde el punto de vista arqueológico,
la primera dinastía China que encontramos es
la Xia, que se habría prolongado
desde alrededor del año 2100 adC hasta alrededor
del 1600 adC, y habría ocupado
el curso medio del Río Amarillo y, de inmediato,
vendría la Shang.
Posteriormente, se instauró
la dinastía Zhou, en la que
los reyes conservaban una autoridad religiosa como poseedores
del mandato del cielo, y ejercían una autoridad
política bastante limitada sobre un número
de estados en gran medida independientes. Fue una época
de gran esplendor cultural en la que escribieron obras
algunos de los principales pensadores chinos de la antigüedad,
como el importante Confucio.
Durante la dinastía Qin, aparecieron
una serie de normas y el sistema de escritura. Se ordenó
la tristemente célebre quema de libros, en la
que se destruyeron escritos que no se ajustaban al modelo
religioso y social del nuevo imperio. También
concluyó la construcción de la
Gran Muralla. El periodo Han trajo una destacada
prosperidad económica y cultural. Con la
Sui (589-618) se produjo una etapa de esplendor
en todos los sentidos. En la siguiente dinastía,
la Tang, se desarrolló el busdismo.
El período de la dinastía
Song se caracterizó por el resurgir
del confucionismo y por revoluciones urbanas y comerciales.
En el periodo Yuan, los mongoles ocuparon el territorio
y hubo una inestabilidad social, situación agravada
por desastres naturales, como las inundaciones en el
valle del Río Amarillo. Posteriormente, la
dinastía Qing consolidaría la
expansión territorial de China, incorporando
al imperio Taiwán, Tíbet, Xinjiang y Mongolia.
Tras la II Guerra Mundial y otras guerras
civiles que marcaron el país, 1 de octubre de
1949 Mao Tse-Tung proclamaba la creación de la
República Popular China. Así, Mao se convertiría
en líder de China hasta que murió en 1976.
Su periodo de gobierno estará marcado por profundas
conmociones sociales y políticas, como las campañas
del Gran Salto Adelante o la Revolución Cultural.
Al morir Mao, le sucedió Hua Guofeng, y, posteriormente,
el poder lo acaparó Deng Xiaoping. Después,
Jiang Zemin subió al poder hasta que, entre los
años 2002 y 2004, fue sustituido por el actual
Presidente de la República Popular China, Hu
Jintao.
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